Amanita caesarea
Suetonio, Claudio: “… todos aceptaban que Claudio fue muerto por el veneno, pero en cuanto a quién se lo administró y qué veneno empleó, hay algunas discrepancias. Algunos escriben que mientras participaba en una fiesta del castillo del Capitolio con los sacerdotes, le fue administrado por Haloto, su eunuco, su probador de comidas; otros afirman que en una comida, en su propio hogar, por la propia Agripina, quien le ofreció un hongo envenenado, sabiendo que estos manjares le gustaban muchísimo. En cuanto a los accidentes que siguieron, los informes varían. Algunos dicen que inmediatamente después de tomar el veneno, quedó sin habla y continuó toda la noche en dolorosos tormentos, hasta morir un poco antes del amanecer. Otros afirman que al principio cayó dormido, y luego, mientras la carne del hongo fluía y flotaba de un lado al otro dentro de su cuerpo, lo vomitó todo. Pero en cuanto a si el veneno que se le administró después fue incluido en un potaje espeso haciendo ver que tenía necesidad de volver a alimentarse, ya que había quedado con el estómago vacío, o si se le administró por medio de un enema, fingiendo que se le creía recargado de alimentos y repleto, a fin de que pudiese ser aliviado por ese tipo de egestión y purificación, ello es incierto. Su muerte fue mantenida en secreto durante un tiempo, hasta que quedaron arregladas todas las cosas en lo referente a su sucesor. Y luego se hicieron votos en su favor, mientras todavía permanecía enfermo, y también se llevaron actores cómicos al lugar, como si todavía estuviera enfermo, en apariencia para solazarlo y deleitarlo, como si tuviese una enorme ansia de diversiones. Murió 3 días antes de los Idus de octubre, cuando Asinio Marcelo y Acilio Aviola eran cónsules, en el año 64 de su edad y en el decimocuarto de su imperio.”
Amanita phalloides
Tácito, Anales: “En medio de esta vasta acumulación de ansiedades, Claudio fue atacado de enfermedad, y para la recuperación de su salud recurrió al aire suave y a las aguas saludables de Sinuessa. Fue entonces cuando Agripina, decidida desde hacía mucho tiempo a la acción impía y aprovechando ávidamente la ocasión, ayudada como estaba de perversos agentes, deliberó en cuanto a la naturaleza del veneno que utilizaría, respecto de “si debía ser repentino e instantáneo en su funcionamiento” y si en ese caso, la desesperada medida no surgiría a la luz; y si elegía materiales lentos y corrosivos en su operación, si Claudio, cuando se aproximara su fin, y habiendo descubierto quizá la traición, no reanudaría su efecto para con su hijo. Entonces se decidió por algo de una naturaleza muy sutil, que “le desordenase el cerebro y exigiera tiempo para matar”. Se eligió a una experimentada artista en tales preparaciones, llamada Locusta, últimamente condenada por envenenamiento, y reservada desde hacía mucho tiempo como uno de los instrumentos de la ambición. Gracias a la destreza de esa mujer se preparó el veneno; para administrarlo se designó a Haloto, uno de los eunucos, cuyo oficio consistía en servir las comidas del emperador y probar las viandas. En rigor, todos los aspectos de esa transacción se conocieron después tan en detalle, que los escritores de estos tiempos están en condiciones de relatar “cómo el veneno fue vertido en una fuente de hongos, que le gustaban sobremanera; pero no se percibió de inmediato el efecto del veneno, ya fuera porque sus sentidos quedaron anulados, o por efecto del vino que acababa de beber”. Al mismo tiempo cierto relajamiento de los intestinos pareció hacerle algún bien. Entonces Agripina se sintió desconsolada, pero como su vida estaba en peligro, pensó muy poco en lo odioso del procedimiento y pidió ayuda a Jenofonte, el médico a quien ya había implicado en sus culpables propósitos. Se cree que entonces él, como si tratara de ayudar a Claudio en sus esfuerzos por vomitar, le introdujo en la garganta una pluma untada de mortal veneno, sin ignorar que en desesperados actos de villanía la tentativa sin el hecho es peligrosa, en tanto que para asegurar la recompensa deben ser llevados a cabo en el acto.”
Amanita caesarea
Dion Casio, libro LXI: “… Agripina se alarmó y se apresuró a prevenirlo todo por medio del envenenamiento de Claudio, pero, como debido a la gran cantidad de vino que bebía, y a sus hábitos generales de vida, que todos los emperadores en general adoptan para su protección, no podía ser dañado fácilmente, mandó buscar a una famosa traficante de venenos, una mujer llamada Locusta, que recientemente había sido condenada por esa misma acusación. Y preparó con su ayuda un veneno cuyo efecto era seguro, que colocó en una de las hortalizas llamadas hongos. Luego ella misma comió de los otros, pero hizo que su esposo comiera uno de los que contenían veneno, porque era el más grande y el más hermoso de todos. Y así, la víctima de la conspiración fue sacada del banquete, en apariencia atontada por la fuerte bebida, cosa que había sucedido muchas veces antes. Pero durante la noche el veneno hizo su efecto, y falleció sin haber podido decir u oír una palabra. Era el 13 de octubre, y había vivido 63 años, 2 meses y 13 días, siendo emperador durante 13 años, 8 meses y 20 días.”
Amanita phalloides
Lecturas: Robert Graves, Yo Claudio, 1934 y Claudio el dios, 1943.

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