#fotofácil el obturador

#FEMEN Vs Barbie house Berlin

Nadie ha inventao la mirada poética, la que se posa sobre las personas y las cosas y evoca pequeños sucesos que aunque están atados a su espacio y su tiempo permanecen en la memoria, bien porque ya estaban -una luz, una mirada, una sombra, un vacío, un reflejo, una coincidencia, un encuentro- o porque se incorporan nuevos. Las imágenes también son experiencia, información, enseñanza para la vida, para vivir. Podemos ir a los sitios que ya hemos visto en imágenes y pasear nuestra propia mirada y no se contradice con las demás, al contrario, todas las miradas pueden ayudar a nuestros ojos a ver. Algunos encarcelan la poesía entre los barrotes de otro libro pequeño y normalmente breve sin darse cuenta que son muchas las formas en las que el sentimiento poético puede manifestarse. La Alhambra de Granada es una de ellas: las paredes interiores de los palacios y las torres están decoraos con poemas epigráficos en caracteres árabes de al menos 3 poetas. Estos poemas se iluminan cuando la luz del Sol atraviesa las ventanas y los arcos. De la misma manera, algunas imágenes afortunadas (igual que algunas melodías pop y rock, igual que algunos dibujos iluminados con colores) se quedan grabadas en el cerebro y se iluminan cuando otras imágenes parecidas o sucesos reales semejantes pasan ante esa ventana del cerebro que son los ojos.

Fotografié a Adolfo Bioy Casares para la revista El Urogallo en el Hotel Intercontinental de Madrid en noviembre de 1990, cuando vino a recoger el premio Cervantes.
– No se preocupe que no me voy a poner nervioso -me tranquilizó Bioy-, fui fotógrafo en Buenos Aires en los años 30, hace mucho tiempo. Incluso escribí una novela sobre mis recuerdos. Como el entrevistador había leído La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985), continuaron conversando mientras terminé de montar el flash en la cámara y lo dispuse todo para hacerle unos retratos al autor de La invención de Morel (1940), novela de “imaginación razonada” en palabras de Borges o de fantasía con base científica que le consagró, varias antologías de relatos fantásticos y de poesía en colaboración con su mujer, Silvina Ocampo, libros de cuentos como El perjurio de la nieve (1944), La trampa celeste (1948), El héroe de las mujeres (1978), novelas como Guirnalda con amores (1959), Diario de la guerra del cerdo (1969), Dormir al sol (1973) y relatos de recuerdos y sentencias como Memorias (1994), De jardines ajenos (1997) y los que se publicaron después.
– ¿Y qué tal le fué como fotógrafo? -pregunté al escritor amigo de Jorge Luis Borges (“Byorges” se hacían llamar la pareja entre sus allegados y “Honorio Bustos Domecq” era el seudónimo con el que publicaron varios relatos policiacos escritos en colaboración) desde que se conocieron en 1932, tratando de llamar su atención para alguno de mis retratos. El autor de la frase “aunque nunca me he psicoanalizado, una psicoanalizada me dijo una vez que parecía un psicoanalizado a quien el psicoanálisis le había hecho bien” separó las manos mostrando las palmas y sentenció abriendo los brazos con las palmas de las manos hacia arriba:
– Me sirvió para conocer a gente, la misma iniciación en la fotografía contada por Robert Frank, autor de Los Americanos, reportaje fotográfico de En el camino de Kerouac, haber heredao la afición de su padre que tenía una Leica que se echaba al cuello para salir a pasear de esa guisa y al que nunca vió llevar a revelar ni 1 de los carretes que guardaba enrollaos en 1 cajón de su habitación pero conocía a gente.

Conocer y recordar a los pioneros de la fotografía ayudará a levantar el ánimo a los fotógrafos que se encuentren el dificultades técnicas. Se considera fecha inicial de la fotografía el 3 de julio de 1839, día en el que el invento de la sociedad que habían formado Daguerre y Nièpce en 1829 fue declarado por la Cámara de Diputados de Francia un bien de dominio público. Se consideró un invento de dominio público porque era muy difícil registrar y proteger con patentes un invento tan extremadamente sencillo cuyas partes componentes ya habían sido descubiertas años e incluso siglos antes. El 27 de septiembre de 1835, otra fecha clave, la noticia del invento apareció publicada en el Journal des Artistes de Paris. En 1839 el periódico Vossiche Zeitung de Berlín empleó por primera vez la palabra “fotografía”, dibujo de luz, para hablar del invento. De 1839 es también el primer retrato fotográfico conocido, el de Karl Drapper, profesor de la Universidad de Nueva York en la que se investigaba el invento. En 1872 el Daily Graphic de Nueva York publicó la primera fotografía en un diario. El 12 de junio de 1826, Joseph Nicéphore Niépce, que vivió entre los años 1765-1833 en Chalon sur Saône, al Oeste de Francia y que había iniciado sus investigaciones en 1813, introdujo una placa de láminas de cobre sensibles a la luz e hizo la primera fotografía de la historia en su casa familiar de la aldea de Saint-Loup de Varennes, una imagen de la ventana de su cuarto de trabajo expuesta durante todo el tiempo que duró el ciclo solar del día señalado. Para dar una idea de la trascendencia del invento baste señalar que la popular y hoy imprescindible bombilla fue inventada por Edison en 1878. Los pioneros de la fotografía trabajaron necesariamente con luz natural durante más de 50 años. Louis Jacques Mandé Daguerre, que vivió entre los años 1789 y 1851, autor de “Exposición histórica y descripción de los procedimientos del daguerrotipo y del diorama”, publicado en 1839, perfeccionó el sistema de revelado empleando láminas de cobre plateado tratadas con vapores de yodo. Ponía estas láminas dentro de la cámara oscura y hacía una exposición de 15 a 30 minutos. Después revelaba la imagen así obtenida colocando la placa sobre una vasija de mercurio caliente. De esta manera las partículas de mercurio se adherían a las zonas de yoduro de plata impresionadas, con lo cual obtenía una imagen positiva. Las imágenes siguieron elaborándose en copias directas sobre materiales planos emulsionados con sustancias sensibles a la luz hasta que en agosto de 1835 William Henry Fox Talbot, que vivió entre los años 1800 y 1877, inventó el papel sensibilizado y el proceso fotográfico negativo-positivo y elaboró el primer libro hecho de imágenes multiplicadas: lo tituló El pincel de la naturaleza. El primer negativo fotográfico de la historia es una vez más una imagen del ciclo solar recorriendo una ventana vista desde el interior. Por sí mismo el invento de la visión en negativo de Fox Talbot, uno de los muchos procedimientos para obtener fotografías, ha aportado recursos, conocimientos y soluciones para otras áreas de investigación como la elaboración de mapas o los estudios con virus infecciosos y microorganismos en general, cuyos elementos componentes para su mejor comprensión. El proceso negativo-positivo de las fotografías también fue aprovechado por la informática en su impresionante desarrollo. En los primeros años 50 los circuitos electrónicos de los computadores ocupaban un edificio entero, pero como era imposible instalarlos en las naves espaciales, que era para lo que más se necesitaban en aquellos años, los especialistas iniciaron un imparable proceso de miniaturización de los componentes. El primer paso fue imprimir los circuitos electrónicos con los conocimientos alcanzados por la imprenta. El paso siguiente fue elaborar los circuitos con el proceso fotográfico, en negativos que se revelan con un proceso parecido al de las fotografías. Otra consecuencia impresionante que se puede adjudicar al invento de Fox Talbot son los rayos X, especialmente utilizados en la medicina. Los hermanos Lumière inventaron el cine, la proyección luminosa en una pantalla de 20 fotografías dobles (para evitar la sensación de traqueteo) por segundo, suficientes para engañar al ojo humano (bastaría con proyectar 26 imágenes por segundo) y crear esa ilusión electrovisual que llamamos cine, en 1895. Y aprovechando los avances experimentados por el cine, tanto de una cámara oscura capaz de registrar y proyectar 40 fotografías por segundo ó 20 imágenes dobles, como de la película de plástico bañada con sustancias químicas sensibles a la luz y al color (desde 1935) capaz de registrarlas, el ingeniero alemán Oscar Barnack fabricó la primera cámara fotográfica ligera, la mítica Leica que se comercializó en Europa hacia 1930.

El principio físico en el que está basado el cuerpo de las cámaras fotográficas fue descrito por Aristóteles, que vivió entre los años – 384 y – 322 con estas palabras: “Los rayos de Sol que penetran en una caja cerrada a través de un pequeño orificio sin forma determinada practicado en una de sus paredes forman una imagen en la pared opuesta cuyo tamaño aumenta al aumentar la distancia entre la pared en la que se ha practicado el orificio y la pared opuesta en la que se proyecta la imagen”, la cámara negra. Abu Alí al Hasan Ibn al Haythan, Alhacén, que vivió entre los años 965 y 1030 también describió con detalle la cámara negra en su tratado de óptica y resolvió el debate entre Euclides, Tolomeo y otros matemáticos que sostenían que la luz viajaba desde el ojo al objeto observado frente a Aristóteles y los atomistas que sostenían lo contrario. Alhacén invitó a los incrédulos a mirar directamente al Sol y demostró que la luz parte de un lugar fuera del ojo y entra en él, explicación por la que Alhacén es considerado el inventor del método científico para conocer el mundo. La primera representación gráfica de la cámara negra se hizo en el siglo XIII, una ilustración de Guillaume de Saint-Cloud en su “Almanaque” de 1.290. Aunque la curiosa inversión de las ilustraciones de los libros y las pinturas de Leonardo da Vinci, qe vivió entre los años 1452 y 1519 se asocian habitualmente a la utilización de espejos también se puede afirmar que los elaboraba con ayuda de cámaras negras, principio físico qe conocía y qe describió en el texto titulado “Demostrar cómo todos los objetos colocados en una posición están todos en todos lados y todos en cada parte” con estas palabras: “Si el frontal de un edificio o cualquier espacio abierto iluminado por el Sol tiene una vivienda frente a la misma y si en la fachada que no está frente al Sol se hace una abertura redonda y pequeña, todos los objetos iluminados proyectarán sus imágenes por ese orificio y serán visibles dentro de la vivienda sobre la pared opuesta, que deberá ser blanca, y allí aparecerán invertidos”. La imagen proyectada a través de un pequeño orificio practicado en una cámara negra aparece en la pared opuesta invertida de arriba a abajo y de izquierda a derecha. También han interpretado que da Vinci transcribía o copiaba sus textos y los de otros estudiosos ayudándose de espejos con un caprichoso deseo de criptografía u ocultamiento de los conocimientos pero también podemos pensar qe por comodidá se ayudaba de 1 cámara negra para copiarlos y en consecuencia se pueden leer colocándolos en el exterior, ante un pequeño orificio e introduciéndonos dentro de una cámara negra. Pero hay más: “Si se hacen aberturas similares en varios lugares de la misma pared se obtendrán idénticos resultados en cada caso, de donde se infiere que las imágenes de los objetos iluminados están en toda esta pared y todos en cada minúscula parte de ella. La razón es que este orificio debe admitir algo de luz en la ya mencionada vivienda y la luz admitida por él se deriva de uno o de muchos cuerpos luminosos. Si estos son de variados colores y formas, los rayos que forman las imágenes son de varios colores y formas, como también lo serán las representaciones en la pared”. Da Vinci investigó los efectos de la luz sobre el ojo con el sfumato, los característicos degradaos conseguidos ahora con aerógrafos e incluso con los mañosos cepillos de dientes desgastaos como resultao; la relación íntima entre los elementos que se encuentran gozosos cruces las miradas, posiciones enfocás de los cuerpos en sus pinturas y esculturas corales también son características de da Vinci qe además exhibió conocimientos de fotografía, pintura, escultura, ingeniería, filosofía, anatomía, fisiología, geología entre otros. La simple observación de un objeto o sujeto a través de un agujero hecho en una superfice opaca a la luz permite “Demostrar cómo todos los objetos colocados en una posición están todos en todos lados y todos en cada parte” con da Vinci: tanto los objetos cercanos como los alejados aparecerán perfectamente nítidos ante nuestro ojo, de manera parecida a lo que ocurre en la película cuando accionamos el disparador de una cámara negra. La cámara negra más sencilla es una caja en la que se ha hecho un pequeño agujero en una de sus caras. Por ahí penetran y su cruzan los rayos de luz. La imagen que se forma al fondo de la caja está invertida de arriba a abajo y de derecha a izquierda. Las distorsiones dependen de la forma de la caja. Para evitar los reflejos, el interior de la caja debe estar pintado de negro. Se han hecho fotografías con una caja de cerillas, con un tambor de detergente para lavadoras, con un bote de Colacao, con una caja de discos, con un embalaje de cartón de una nevera, con una maleta, con un baúl, con un acordeón, con la boca, con una rueda de tractor, con un paquete de tabaco, con una caja de puros, en un departamento de segunda de un tren de pasajeros, con una caja de papel fotográfico, con una tienda de campaña, en una caja de un carrete de fotos y en casi todas las aulas donde se imparten cursos de fotografía. Para Joan Fontcuberta, Premio Nacional de Fotografía en 1999, los únicos avances que puede experimentar la fotografía en el futuro surgirán necesariamente de investigar en el interior de la cámara negra, entre el diafragma u orifico y el plano focal en el que se instala el material sensible a la luz.

El Diafragma es el mecanismo más característico, genuino y diferenciador de las cámaras oscuras, también de las fotográficas, de las imágenes y de la visión. Fue Daniele Barbaro en 1568 quien sugirió colocar un diafragma en la cámara oscura para ver más nítidas las imágenes operando desde dentro. Aunque al plano focal por el que circula la película fotográfica en las cámaras modernas siempre tiene que llegar la misma cantidad de luz, no siempre se dan las mismas situaciones: hay diferencias entre la luz del día y la de la noche, entre la luz natural y la artificial, entre un interior y un exterior, entre una superficie que refleja luz y una superficie opaca, etc.

Las cámaras fotográficas tienen 2 dispositivos reguladores de la luz, un obturador que se abre o se cierra durante más o menos tiempo, entre 1/1000 de segundo y disparos de varios segundos y un dispositivo propiamente fotográfico que es el diafragma, el pequeño orificio por el que entra la luz en la cámara oscura, también conocido como la abertura. A lo que más se parece es a la niña o círculo negro central del ojo humano, incluso en su funcionamiento: cuanto mayor es la abertura del diafragma mayor es la intensidad de luz que recibe la película. En términos generales, pues también depende de otros factores, cuando hay menos luz el diafragma debe estar más abierto y cuando hay más luz el diafragma debe estar más cerrado. Si aumentamos el tamaño del diafragma aumentaremos la claridad de la imagen, pero empeoraremos su definición en los planos situados por delante y por detrás del motivo o sujeto al que hemos enfocado. Es uno de los resultados visibles en las imágenes de reducir a un plano una escena de 3 dimensiones, el resultado también de la mejora que se obtiene al colocar delante del diafragma una lente convergente, es decir, más gruesa en el centro que en los lados. Por efecto de la superficie curvada de la lente los rayos de luz que la atraviesan se refractan hacia el eje óptico o centro de la imagen y llegan perfectamente enfocados, como puntos de luz al plano focal por el que circula la película fotográfica; mientras que los rayos de luz que entran por los bordes de la lente llegan al plano focal desenfocados, es decir, como círculos de confusión y no como puntos de luz. La abertura del diafragma se expresa mediante la llamada "escala f" y sus valores de mayor a menor son f/1.2, f/1.4, f/2, f/2.8, f/3.5, f/4, f/5.6, f/8, f/11, f/16, f/22 y f/32. El valor f/2 es una abertura muy grande y el valor f/22 es muy pequeña, es decir, cuanto menor es el número del diafragma la abertura es más grande y cuanto mayor es el número, la abertura es más pequeña. La relación de estos valores entre sí es la de doblar el valor anterior, es decir, f/2 es el doble que f/4, aunque también pueden aparecer en la escala "f" de algunas cámaras pasos intermedios y en la mayoría de los objetivos se puede situar el diafragma entre dos valores. El f/8 es el diafragma medio y para algunos fotógrafos e incluso asociaciones de fotógrafos, como la llamada F8, es el único. La escala f o escala de diafragmas es más o menos amplia según los objetivos y el valor que se tiene en cuenta es el de mayor abertura del diafragma, que está relacionado con la denominada luminosidad del objetivo.

En la escala f se expresa con un "1" el valor de máxima abertura posible según el plano focal de la cámara, seguido de ":" y el diafragma más abierto del objetivo. Con un objetivo 1:1.2 se ven las cosas más claras que con un objetivo 1:1.4 ó un 1:2.8 ó un 1:5.6. El valor de un objetivo y su precio viene determinao po rla máxima abertura, cuanto más abertura más claro se ve y más caro cuesta. Los hay de valor incalculable, objetos únicos como el 1:0.7 que la NASA, su creadora y propietaria prestó a Stanley Kubrick para el rodaje de escenas de época iluminadas con velas de Barry Lyndon en 1975. El valor de máximo cierre suele ser irrelevante a partir de f/11, es decir, f/16, f/22 e incluso f/33. Si hay tantos diafragmas en la "escala f", pues realmente bastaría con 3, el abierto, el intermedio y cerrado, es para compensar cómodamente la exposición de acuerdo con la escala de velocidades de obturación y no porque los fabricantes de cámaras quieran amargar la vida a los fotógrafos. Un sujeto u objeto fotografiao está enfocao correctamente cuando la distancia entre la lente más exterior del objetivo y el plano focal de la de película es la óptima. El enfoque por telémetro de algunas cámaras clásicas como la Leica está basado en un sistema parecido al de los ojos humanos: son 2 dispositivos, uno de los cuales mide la distancia real de la escena y otro la distancia ideal o fantasma de la cámara. Cuando se hacen coincidir los 2 está enfocado. Con las cámaras réflex no se plantea este problema porque vemos la escena a través del objetivo, igual que la película y en su mismo plano focal, pues el visor está justo encima del lugar por el que pasa la película fotográfica. Algunas cámaras réflex incorporan además un sistema de telémetro en el centro del visor. Los objetivos réflex "autofocus" hacen esta operación mediante uno de los 3 computadores que suelen tener estas cámaras: uno para la distancia focal o enfoque, otro para el fotómetro y uno más para el motor de arrastre; por eso gastan tantas pilas. El diafragma incide directamente en el plano o los planos que aparecen enfocaos en las fotos. Cuando se enfoca una escena siempre se hace teniendo en cuenta la distancia a la que se encuentra el motivo principal que se va a fotografiar, pero dependiendo del diafragma que hayamos elegido aparecerán enfocados más o menos planos de la escena por delante y por detrás del motivo principal. La distancia entre el plano más cercano y el plano más lejano de los que aparecen enfocados en una foto es lo que se denomina "profundidad de campo", aunque resulta mucho más comprensible hablar del plano o los planos que aparecen enfocados, como en el cine. La menor o mayor profundidad de campo de una foto depende de 3 factores: la abertura del diafragma, la más importante, el tipo de objetivo empleado (con un objetivo gran angular, la profundidad de campo, incluso a máxima abertura, será mayor que la de un teleobjetivo, que comprime los planos) y la distancia desde la que enfoca la cámara (no es lo mismo enfocar a distancias microscópicas que enfocar a infinito, es decir, cuanto más lejos está el objeto enfocado, mayor es la profundidad de campo o de planos enfocados y viceversa).

En términos generales los fotógrafos deben recordar que cuanto menor es la abertura del diafragma (f/11, f/16 o f/22) mayor es la profundidad de campo y cuanto mayor es la abertura del diafragma (f/2.8, f/5.6) menor es la profundidad de campo. En los valores de la escala f intermedios la profundidad de campo es intermedia. La profundidad de campo o de planos que aparecerán enfocados en cada foto no se ve por el visor de la cámara ni en ningún otro indicativo (en algunos objetivos sí aparece una minúscula escala de profundidad de campo), tenemos que imaginarlo y esto sólo se consigue manejando con conocimiento de causa el mecanismo del diafragma en relación con los otros mecanismos de la cámara. Una vez elegido y enfocado el motivo principal de la foto el fotógrafo debe decidir si le interesa el contexto en el que se encuentra situado el motivo principal: si le interesa algo más, por delante y por detrás del motivo principal, debe cerrar el diafragma (f/11, f/16 ó f/22) y si no le interesa debe abrir el diafragma (f/2.8, f/4 ó f/5.6). El valor intermedio es f/8, considerado por algunos fotógrafos y estudiosos como el diafragma más genuinamente fotográfico. También es el más aconsejable cuando el fotógrafo no quiera tomar ninguna determinación respecto del diafragma. Una excepción en los valores equilibrados de la exposición a la luz es el disparo con flas, dónde cuenta el máximo valor de sincronización con el obturador para obtener imágenes con toda la mancha iluminada por igual: las Canon analógicas réflex sincronizan en un valor intermedio de aproximadamente 1/90 de segundo representado en el anillo de velocidades por un rayo y las Nikon equivalentes unos apreciables 1/250 de segundo que las hacen más aptas para las escenas deportivas en espacios cerrados y las tomas nocturnas de escenas en movimiento con iluminación artificial. Una vez sincronizado el flas en el punto obligado o a velocidades más lentas si se persiguen efectos con el diafragma se regula la cantidad de luz casi siempre en términos de distancia del modelo respecto del flas, cuanto más cerca más cerrado, como en las tomas macro, a 1,5 metros dan su mejor rendimiento con diafragmas 1:8 ó 1:11 dependiendo de la luz ambiente que puede haber -el flas rellena las sombras duras cuando pega el Sol al modelo, por tanto la exposición sigue siendo la de la luz mayor, la del Sol, pero el obturador debe sincronizarse como máximo a la velocidad recomendada por el fabricante si no se quieren lados oscuros en las imágenes- corresponde a un retrato en plano americano y cuerpo entero y se obtienen fotos oscuras a partir de 3 metros, por eso los grupos numerosos de noctámbulos siempre salen en imágenes oscuras o movidas.

El obturador es el otro mecanismo con el que se controla el paso de la luz a la película fotográfica, junto con el diafragma, y en su caso determina el tiempo durante el que la luz va a impresionar la película. Es correcto hablar de “tiempo de exposición” para referirnos al obturador. Puede resultar confuso hablar de velocidad y en ningún caso se debe confundir con el cuenta kilómetros de los coches. La velocidad de disparo o de obturación aparece indicada en las cámaras por los valores: 1, 2, 4, 8, 15, 30, 60, 125, 250, 500, 1.000, 2.000, 4.000, 8.000 y recientemente 12.000. El valor “60” se corresponde con un tiempo de exposición de 1/60 de segundo y los demás igual. La auténtica relación de tiempos de exposición debería ser: 1, 2, 4, 8, 16 (y no 15), 32 (ponen 30), 64 (60), 128 (125) y así sucesivamente, pues entienden los fabricantes que los valores aproximados al sistema decimal que aparecen en las cámaras son más fáciles de memorizar. El disparador de las cámaras fotográficas guarda relación directa con el obturador. Antes de disparar la cámara conviene sujetarla firmemente con las 2 manos procurando no tapar con los dedos ninguno de sus elementos exteriores: el objetivo, el flas y el visor, que lo veremos al mirar, pero no los anteriores, y apoyarla en la cara sin presionar, en beneficio de la cara. El disparador se debe pulsar suavemente, pues los mecanismos internos se activan según lo determinado en los dispositivos correspondientes cuando se ha producido un simple contacto. En ningún caso se debe apretar el disparador porque lo único que conseguiremos es mover la cámara en el momento de efectuar la toma. Una precaución opcional es tensar con las manos la correa consiguiendo la mayor firmeza a nuestro alcance en el momento de pulsar siempre levemente el disparador. Observando esta norma de delicadeza en el manejo del disparador conseguiremos rebajar la denominada “velocidad de seguridad” desde 1/125 de segundo que recomiendan los fabricantes hasta 1/60 e incluso 1/30 de segundo. En tiempos de exposición más lentos, 1/15 ó incluso 1/8 de segundo, también deberemos tomar en consideración el movimiento del motivo o motivos fotografiados en la fracción de tiempo que dura la exposición, pues aparecerán en las fotos. Aunque puedan parecer precauciones excesivas y para entonces las fotos se hayan quedado a horas o kilómetros de distancia, apoyar los brazos en el cuerpo y procurarle a éste un apoyo firme, incluso echando la rodilla al suelo, también puede ayudar.

Se oyen con frecuencia proezas sin límite al hablar del “pulso” de los fotógrafos, pero es necesario advertir que una persona en pie sólo puede permanecer totalmente estática 1/10 de segundo aproximadamente, lo que a efectos fotográficos equivale a 1/30 de segundo, pues también se deben tomar en consideración los movimientos que efectúan los mecanismos internos de la cámara en su funcionamiento. En situaciones de luz escasa se puede apoyar la cámara en cualquier lado, encima de un coche o en una pared, evitando al máximo ese objeto aparatoso y molesto que llaman trípode. El trípode está reñido con las fotografías instantáneas o mínimamente dinámicas y en términos generales es preferible ver algo movido en una foto que una foto vacía de naturalidad.
Tipos de obturador. Son 2: el central o de “laminillas” situado en el objetivo, inmediatamente detrás del diafragma, es el característico de las denominadas cámaras “compactas” con visor independiente respecto del objetivo; y el obturador de “cortinilla” situado justo delante del plano focal por el que pasa la película fotográfica, es el característico de las cámaras réflex. La mayor ventaja del obturador central o de laminillas situado en el objetivo es el poco o nulo ruido que produce su mecanismo de funcionamiento y la posibilidad de sincronizar el flash en todas las velocidades de obturación. Su único inconveniente es no permitir velocidades de obturación ultrarrápidas, por encima de 1/500 de segundos. El obturador de “cortinilla”, el de las réflex, situado inmediatamente delante de la película, puede ser de tela o de metal y hacer 2 recorridos: horizontal o vertical. Estos obturadores, cuya característica más distintiva es que son muy ruidosos (el ruido tan característico de las cámaras fotográficas réflex al disparar lo produce el espejo inclinado que relaciona el visor y el objetivo al levantarse y bajarse al hacer la foto), permiten una gama más ámplia de velocidades, de 1/1.000, 1/2.000, 1/4.000 e incluso 1/8.000 de segundo (el último récord en las cámaras réflex de venta al público, no prototipos, es 1/12.000 de segundo) y la característica más determinante de todas: el flash no se puede sincronizar en velocidades más rápidas que la recomendada por el fabricante, que suele ser 1/125 de segundo. En las velocidades más lentas que la de sincronización el flash se puede activar en todas.

Tiempo de exposición y movimiento. Una de las aportaciones de la fotografía a los demás conocimientos fue la posibilidad de “ver” el movimiento, en unos casos “congelado” con velocidades de obturación rápidas (250, 500, 1.000…) ó ultrarrápidas, desde la carrera de un caballo hasta la trayectoria de una bala, o su impacto y en otros casos el movimiento barrido con velocidades de obturación lentas (30, 15, 8, 4…), pues las películas graban todo lo que ha ocurrido en la escena fotografiada durante el tiempo que permanece abierto el obturador. Al fotografiar escenas con objetos o sujetos en movimiento deberemos “adecuar” la velocidad de obturación al movimiento del objeto o sujeto fotografiado y en relación con esa velocidad, buscar el diafragma que corresponda. Cuanto más alejado se encuentre de la cámara fotográfica el sujeto u objeto en movimiento, podrá emplearse una velocidad más baja, 250 ó incluso 125 pueden ser suficientes y al contrario: cuando el sujeto u objeto en movimiento se encuentra cerca de la cámara debe emplearse una velocidad de obturación más alta, 500 ó 1.000. Un barrido es un uso inadecuado voluntario de la velocidad de obturación para fotografiar un objeto o sujeto en moviemto y se hace acompañando con la cámara el movimiento de una persona u objeto con unas velocidades de 60, 30 e incluso 15 dependiendo de cada caso. Es preferible ejecutarlo a pulso, pues estamos haciendo deliberadamente una foto movida. El movimiento se coge antes de pulsar el disparador, se sigue y se toma una especial precaución para no producir un movimiento de arriba a abajo en la cámara en el momento de disparar, siguiendo el movimiento de la escena incluso después del disparo. El efecto que se consigue es que queda barrido el fondo o el entorno y congelado el objeto o sujeto del que hemos seguido el movimiento. Un “contrabarrido” en un paisaje se hace desde un objeto en movimiento (por ejemplo, desde un coche o un tren en marcha) con la cámara fija. En este caso sale enfocado el último plano de la escena y barrido y prácticamente irreconocible el primer plano.

Revelar es limpiar, quitar o levantar las sustancias gelatinosas literalmente pegás al soporte normalmente plástico, últimamente tan complejo como elojo de 1 abeja, Apis mellifica, aunque a diferencia casi siempre plano pues en algunas cámaras se ha arqueao en correspondencia al arqueamiento de la punta exterior de la lente biconvexa poniendo de paso más difícil si cabe la imagen desenfocá que no se sabe cómo todavía se consigue hacer que por las fotos oscuras y las movidas ni se ha intentao corregir ni sintentará en tiempos. Lo dijo Joan Fontcuberta:
– Los avances de la imagen se conseguirán en el corto espacio que va de la punta de la lente biconvexa al plano focal en el que se proyectan las ondas electrómagnéticas qentran por el diafragma en la cámara oscura, por tanto hacer varias mediciones de las luces y las sombras con el fotómetro de las cámaras antes de las tomas y hacer las pruebas necesarias antes de dar por buenas las copias resultantes es la única garantía fiable para no perder el tiempo y dañar su autoestima. Todas las acciones necesarias para la obtención de fotografías las puede ejecutar una persona. Los materiales sensibles a la luz, tanto los transparentes como los opacos, se deben manipular en completa oscuridad en unos casos y en penumbra en otros. En un cuarto situado en la zona más sombría de la casa que se pueda oscurecer por completo y no necesariamente de grandes dimensiones se puede instalar un laboratorio fotográfico. La posibilidad de ventilarlo fácilmente, una toma de agua y un desagüe elevan las prestaciones del cuarto oscuro al gusto del fotógrafo más exigente. En los laboratorios fotográficos deben separarse las zonas secas de las húmedas. En la zona seca, necesariamente cerca de la toma de electricidad, se ubican la ampliadora, los papeles sensibles debidamente protegidos y diversos accesorios. En la zona húmeda, cerca de la toma de agua y del desagüe, deben situarse el tanque de revelado, los productos químicos necesarios para efectuar los procesos, probetas para hacer las mezclas, un termómetro, un reloj, pinzas, cubetas y otros elementos. Es preciso advertir que en ningún caso se deben reutilizar los envases de productos comestibles y bebibles para almacenar productos tóxicos que puedan inducir a confusión; los químicos que se emplean en el revelado y positivado de fotografías son tóxicos. En tono menor es necesario advertir también que los fotógrafos deben prestar atención y cuidado en no mezclar los elementos de la zona húmeda con los de la zona seca ni “transportar” humedad en las manos y en la ropa. Los materiales no velados o ya velados deben tocarse únicamente por el reverso de las emulsiones. En previsión de las dificultades que pueden presentarse en su manipulación es recomendable tener las manos, incluso enguantadas, limpias y secas. Una vez secadas las emulsiones debe evitarse que entren en contacto con la humedad, especialmente si se trata de los agentes químicos que se utilizan en los procesos húmedos. La suciedad, especialmente la “microsuciedad” (motas de polvo, gotas de agentes químicos, pelos, huellas, etc.) son el peor enemigo de los fotógrafos. La ejecución límpia de los procesos fotográficos es una virtud que con el tiempo degenera en necesidad e incluso en obsesión razonable. El objetivo del fotógrafo en el laboratorio no debe ser limpiar los residuos, sino intentar poner fin a su producción desde el primer momento. Una gota de cualquier químico de los que se utilizan en los procesos húmedos, una vez seca puede cristalizar en una mancha imborrable capaz de arruinar cualquier resultado. No sólo pueden sufrir daños las emusiones, tambien la piel, los ojos, que no deben frotarse nunca, ni aún en caso de perplejidad o deslumbramiento emotivo al ver aparecer la imagen sumergida en los químicos, y también la ropa. Las emulsiones transparentes y opacas se “velan” cuando la luz incide sobre su superficie sensibilizada y produce un cambio químico en la misma. Mediante un proceso posterior fácilmente realizable, estas imágenes latentes se “revelan” en un baño húmedo para obtener imágenes positivas o negativas. Aunque se siguen los mismos pasos, son procesos diferenciados. En los envoltorios de las emulsiones sensibles y de los agentes químicos para revelarlas aparecen instrucciones que los fotógrafos deben respetar en los tiempos mínimos recomendados. Con experiencia y buena maña, la mayoría de los entendidos recomiendan sobrerrevelar o revelar un poquito de más -medio minuto añadido ó 4 agitaciones en vez de 3- las películas negativas, pero sin pasarse. Los sastres saben que una manga larga da menos problemas que una manga corta. De hecho, las zonas totalmente transparentes de los negativos se pueden dar por perdidas. Con las copias positivas ocurre lo contrario: una vez secas y endurecidas las emulsiones se oscurecen. En una entrevista publicada en la revista “Darkroom Photography” en 1989 el fotógrafo Ralph Gibson, que había impartido un curso en el laboratorio de Ansel Adams, reveló que el creador del sistema de zonas tenía un horno deshidratador para secar rápidamente las tiras de prueba y ver los resultados finales de la exposición en las copias. Sin medios tan sofisticados como los de Adams, los fotógrafos que conocen este oscurecimiento reducen el tiempo de exposición obtenido en la tira de prueba en torno a un 10 % de tiempo total. Algunos fotógrafos llegan incluso al 20 % en la reducción. La agitación y la temperatura influyen decisivamente en los procesos húmedos fotográficos. Cuando no se tienen experiencias anteriores con los químicos que se emplean es conveniente agitar por inversión 3 veces cada 30 segundos en los tiempos de revelado cortos, hasta de 9 minutos, y 3 veces cada 60 segundos en los tiempos largos, de más de 10 minutos. Aunque es preferible hacer las mezclas o “diluciones” de los químicos concentrados con agua caliente, pues se disuelven mejor, la temperatura de los diferentes agentes químicos que intervienen en los procesos húmedos deben mantenerse estables en todos los químicos. Los cambios bruscos de temperatura durante el proceso húmedo pueden reticular o trocear las emulsiones sensibles. Los procesos húmedos deben ser continuados hasta completarlos. Nunca se vuelve atrás en un proceso que normalmente incluye un baño revelador, uno de paro que detiene radicalmente el efecto del revelador (el baño de paro se puede hacer sólo con agua y en plan casero con unas gotas de vinagre) y un baño fijador que elimina los granos no “velados” ni “revelados” y endurece las emulsiones. Hasta aquí llega la parte más delicada de un proceso continuado en el que no debe haber descansos o paradas intermedias para hablar por teléfono o abrir la puerta, aunque algunos de estos accidentes han derivado en verdaderos descubrimientos. El proceso se completa lavando las emulsiones con agua corriente durante unos 20 minutos aproximadamente. Se puede reducir el tiempo de lavado con un baño eliminador de restos químicos. Antes de poner a secar las emulsiones se suele emplear un tratamiento con humectador, un detergente químico que hace que las emulsiones sequen uniformemente sin dejar residuos. En fotografía se habla de contraste cuando se hace referencia a la relación entre las zonas claras y las zonas oscuras que componen las escenas. Aunque el ojo humano las percible homogeneizadas y tiene un gran poder de penetración en las zonas muy claras y muy oscuras después de unos instantes de adaptación, las emulsiones sensibles a la luz, tanto las transparentes como las opacas, captan los contrates de luces reales de las escenas y se “especializan” en las zonas de luces intermedias, en los grises en blanco y negro. Para hacer correcciones (un negativo contrastado mas un papel suave igual a una copia normal y viceversa) y porque sobre gustos no hay nada escrito, los papeles se “gradúan” del 1 al 5 según su contraste: un papel del 1 es “suave” porque da muchos grises intermedios y uno del 5 es “duro” porque da muchos claroscuros y apenas grises. Cuando los fotógrafos “normalizan” el proceso de revelado de los negativos y utilizan la misma película y el mismo proceso eligen un papel de un grado, el que sea, y con ese papel lo hacen todo. Aunque funciona como un proyector de luz en vez de como un receptor, una ampliadora tiene los mismos mecanismos que las cámaras fotográficas, fundamentalmente los conocidos anillos de enfoque y diafragmas mas un obturador, en este caso un pequeño cronómetro, aunque también se pueden hacer fotos con un reloj de pulsera y el interruptor de la luz. Aunque para enfocar es preferible mantener el diafragma abierto a tope (1:2.8 ó 1:3.5), para las tiras de pruebas y las copias es preferible cerrarlo un par de pasos (1:5.6 ó 1:8). Teniendo en cuenta que los papeles tienen un indice de sensibilidad de 4 ISO, los tiempos de obturación, normalmente de varios segundos, deben hallarse realizando “tiras de prueba” con un trocito del mismo papel sensible en el que se proyecta hacer la copia. Las tiras de prueba deben colocarse en la zona de luces más variopinta de la imagen negativa proyectada por la ampliadora, en la zona más significativa (en la cara si se trata de un retrato) o, si se desea llevar el sistema de zonas hasta sus últimas consecuencias, en la zona clara de la proyección que el fotógrafo quiere que salga con detalle en la copia, la zona oscura en la que ha medido la luz en el momento de la toma. Aunque se suelen hacer escalas de tiempos sumadas (3, 6, 9, 12, 15…) lo propiamente fotográfico es doblar los tiempos de exposición, igual que con la cámara (lo correcto es 3, 6, 12, 24, 48…), pues de ese modo la separación entre 2 bandas consecutivas es de 1 paso de diafragma y además se consigue un tiempo de exposición claro y uno oscuro para compararlos con el correcto. Teniendo en cuenta que habría que esperar mucho tiempo para ver las superficies secas y endurecidas y por tanto su grado de oscurecimiento, salvo que se disponga de un horno deshidratador para estos menesteres, lo recomendable es reducir un 10 % el tiempo de exposición total en el momento de realizar la copia. Si se hace una reserva o tapado de luces en alguna zona de la foto en el momento de ampliar las fotos conviene ejecutarla tapando a mitad de distancia de la ampliadora y del papel y mover contínuamente la mano o la silueta opaca con la que se realiza la reserva, naturalmente sólo en el caso de que el fotógrafo pretenda que el tapado pase desapercibido. Los fotógrafos no deben conformarse con presentar resultados incompletos. Las fotos deben presentarse acabadas, aunque sin pasarse. Una representación vaga de lo que podría haber sido un resultado final prometedor sólo aporta inconvenientes y pérdida de confianza al fotógrafo. Aunque la moda del momento sea otra, siempre es preferible deslumbrar por el ingenio fotográfico que por los cuantiosos gastos en papelería, enmarcado o impresión. Personalizar los resultados llenando de subjetividades y toques personales una técnica tan antigua y llena de mecanismos como la fotografía es la única justificación para mantener activo un laboratorio.

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